Historias breves de experiencias en Altea (Control de la ira)

Ornela (nombre ficticio por supuesto) es una paciente que acudió al centro ALTEA en busca de ayuda, ¿su problema?, se enfada demasiadas veces, con demasiada intensidad, con demasiada gente y durante demasiado tiempo. Su genio le puede, sus reacciones de ira y rabia se activan, su “pronto” le provoca enfados con los clientes de su empresa, con los compañeros de su trabajo, con los miembros de su familia cercana (marido e hijos) y extensa (hermanos, cuñadas, suegra, etc.)

Esas circunstancias le han empezado a suponer serios problemas en los distintos ámbitos de su vida, crisis de pareja, llamadas de atención de la dirección de su departamento, peleas con las personas que forman parte de su círculo social y familiar.

Ella es consciente de estas circunstancias, aunque no siempre se siente responsable de sus reacciones, con frecuencia Ornela justifica su comportamiento “airado” y culpa a los demás de “provocarla”. Pero llegó un momento en que tomó conciencia de que no podía seguir así y nos pidió ayuda.

El problema del que hablamos en este caso es la dificultad para controlar los impulsos agresivos ante una situación frustrante, Ornela quiso cambiar y lo consiguió, pero ¿cómo?.

Lo primero que hizo y fundamental, calificar su comportamiento como un problema y decidir hacerle frente, si no puede solucionarlo por sí misma, pidiendo ayuda.

Lo segundo que hizo fue asumir su responsabilidad, consiguió dejar de engañarse, dejar de culpar al resto del mundo de sus actuaciones, reconduciendo su forma de afrontar las situaciones que habitualmente le generaban enfado.

En tercer lugar inició con nosotros un programa de entrenamiento para que su forma de pensar, su forma de sentir y su forma de reaccionar en los momentos “críticos”, fueran las adecuadas y no le crearan nuevos problemas en sus relaciones sociales.

En cuarto lugar, Ornela se mantuvo constante en su esfuerzo, se convenció de que el proceso de cambio solo se consigue con la continuidad en el aprendizaje. Ornela aprendió nuevas actitudes, aceptó que los demás tienen derecho a pensar y actuar de forma diferente a la suya (renunció a querer tener razón siempre), aprendió a no usar el enfado y las muestras de ira como el medio para presionar a los que le rodean, aprendió asertividad (otro día hablaremos de este término), es decir, a mantenerse serena ante la adversidad en las relaciones con los demás.

En quinto lugar, para mantenerse motivada en el proceso de cambio, valoró muy positivamente las ventajas que le aportaba el nuevo modo de relacionarse e interactuar, eso creó un círculo virtuoso (todo lo contrario del círculo vicioso anterior), el esfuerzo genera premio (sentirse bien y relacionarse mejor), el premio le anima al esfuerzo (le motiva a seguir así) y gradualmente fue progresando en su objetivo.

Si bien Ornela sigue teniendo carácter y en alguna ocasión lo saca a relucir (el genio siempre es el genio), mejoró su calidad de vida ya que ha conseguido eliminar y prevenir los problemas que las explosiones de ira habían generado hasta ahora en su vida social, y los demás lo notan y se lo reconocen.

Si tienes alguna dificultad con el control de impulsos que te provoque problemas, no dude en contactar con nosotros, podemos ayudarte a reconducir tu situación.