CHANTAJE EMOCIONAL

Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros”  (Hermann Hesse) 

El chantaje emocional es una forma de hacer ver las cosas como  más  interese, creando sentimiento de culpabilidad al otro,  obligación o miedo para hacer que la persona manipulada  actúe de manera que le interese al “chantajista”.

Es una manipulación asociada a nuestras propias relaciones sociales, las típicas frases “ tú mismo/a”, “tú sabrás”, “si me quisieras, no me harías esto”, “allá tú con tu decisión”, son ejemplos de mensajes, aparentemente inofensivos pero que, en realidad, se dicen de forma intencionada para crear una sensación de miedo en la otra persona…miedo a la pérdida, al rechazo, al abandono, lo cual le llevará, irremediablamente, a cumplir las órdenes – encubiertas- del “chantajista”

Los hijos desde bebés, inconscientemente, chantajean a los padres. Cuando  llegan a la preadolescencia y a la adolescencia, empiezan los verdaderos “chantajes emocionales”, que pueden convertirse en abusos y hasta en agresiones, según  hayan sido anteriormente consentidos.

Todo ello, lleva al empobrecimiento de la vida familiar ya que la comunicación se reduce al máximo, el chantaje es propio de hijos con déficits en su educación en valores, Puede ocurrir, igualmente, que se trate de una familia desestructurada o disfuncional,en que se oigan pero no se escuchen, en que prime lo individual por encima de lo colectivo y, por último, podríamos hallarnos ante un caso de historia familiar con antecedentes de fracasos – por diversos motivos -, con peleas y conflictos, presenciados por los hijos. Es decir, en que no se ha resguardado al menor de todo aquello que pertenece a la esfera íntima de la pareja, por mucho que sean sus padres.

Cuando el menor usa el chantaje se va a mostrar retador y conflictivo, con el único fin de que ni padres ni ningún otro familiar se atreva a enfrentarse a él

El chantajista emocional se construye una estrategia, ya sea a nivel consciente o inconsciente, sabiendo aquellos datos que nos produce miedo o nos hacen poner nerviosos.  Pueden caer en su propia trampa, sobretodo, si se enfrenta con alguien que se mantiene firme en su posición de no ceder. Es, entonces, cuando el chantajista siente verdadero miedo de no conseguir aquello que desea y por lo cual se comporta de esta manera inadecuada, ello hace que el chantajista se vuelva a centrar en aquello que considera su merecida recompensa  y, no tiene en cuenta, los sentimientos de los otros, iniciándose un trato despectivo y retador, producto del miedo tanto del chantajista como del chantajeado.

Una persona especialmente vulnerable al chantaje emocional, presenta excesiva necesidad de aprobación, miedo al enfado y la ira de las personas de su entorno más próximo, necesidad de paz y tranquilidad, tendencia a la hiperresponsabilidad, elevado nivel de inseguridad. Y ante una situación de chantaje emocional, reacciona intentando hacer “perdonar” ante el chantajista, razona” con el mismo, discute, llora o le suplica que deje de comportarse cómo lo está haciendo, cambia o cancela planes y citas importantes para ceder a algún “capricho” del chantajista, cede o se rinde.

Reacciona así porque le es difícil mantener una posición firme, que  salvaguarde sus necesidades, le cuesta enfrentarse con el propio chantaje, poner límites y normas adecuadas, menos permisivos que los que se tienen hasta el momento puesto que han demostrado no ser efectivo, explicarle al  chantajista que su comportamiento resulta inaceptable y, por tanto, que no debe seguir por ese camino especialmente si quiere conseguir esas cosas que tanto le gustan.

Entre los tipos de chantajistas, diferenciamos:

  • El castigador de los otros: Explica todo lo malo que va a suceder por no hacer lo que él/ella quiere. No hay nada más doloroso que escuchar “ya no te quiero”, especialmente, si se pronuncia de forma seria.
  • El castigador de sí mismo: Si no haces lo que yo quiero… me haré daño a mi mismo/a  Para darle más realismo, se refuerza acercándose a una ventana o balcón y amenazando lanzarse, cogiendo unas tijeras y diciendo que se la va a clavar.
  • Víctima:Callado completamente, sin poder sacarle palabras, de hecho, espera que “le leas el pensamiento” después de que todo su entorno haya confesado que tienen la culpa por haberlo/a…
  • Maltratado/a:Palabra que usan con excesiva ligereza- y por desposeerle de las cosas que – de tenerlas – le harían feliz
  • Provocador: Promete mucho cariño y afecto, siempre a cambio, de que se haga todo lo que él/ella desea.

Para combatir el chantaje emocional, tras admitirlo, es importante atajarlo  desde los indicios, porque si se cede, se pierde la autoridad y se acabará cediendo siempre. Es fundamental, no perder los nervios. El chantaje emocional es solo un arma. No entrar en el juego, reaccionando enseguida con muestras de cariño. No ceder al chantaje. Hay que aprender a decir que no. Si la actitud chantajista persiste, a pesar de todos los intentos, contestar al “ya no te quiero”, por ejemplo, “pues yo estoy pensando si compensa que yo quiera a alguien que no me quiere”.  En definitiva desactivarlo.