LA DISONANCIA COGNITIVA

La disonancia cognitiva es la sensación de incomodidad que se produce cuando aparece un conflicto entre lo que pienso y lo que hago. Para remediar ese estrés producido por dicha sensación podemos hacer tres cosas:
• Cambiar nuestro comportamiento.
• Justificar nuestro comportamiento alterando el pensamiento o creencia.
• Justificar nuestro comportamiento añadiendo nuevas ideas al pensamiento o creencia en cuestión.
A modo de ejemplo, imaginemos una persona fumadora que sabe que el fumar tabaco conlleva un riesgo elevado de contraer cáncer de pulmón y está intentando dejarlo. Como sabemos, este hábito es difícil de cambiar sin un plan de tratamiento, así que supongamos que esta persona sucumbe a la tentación y se fuma un cigarro. En ese momento, o quizás más tarde, aparecerá la disonancia cognitiva: quiero dejar de fumar y me he comprometido a ello pero he fumado. ¿Qué es más fácil para esa persona en ese momento? Cambiar su comportamiento pasado no es posible y cambiar el hábito nada saludable de fumar le está resultando complicado, por lo tanto decide cambiar sus ideas para poder justificar su conducta y aliviar el estrés producido por dicho conflicto de intereses.
A todos nos sonarán excusas como “mi abuelo ha fumado toda su vida y está como un roble”, “un cigarro más, un cigarro menos no me va a hacer nada”, “fumo hasta que se acabe esta cajetilla y ya no fumo más”, etc. Lo mismo ocurre en el caso de querer ir al gimnasio, empezar una dieta o estudiar un idioma nuevo.
El doctor en psicología Leon Festinger fue el primero en proponer la teoría de la disonancia cognitiva tras infiltrarse él mismo en una secta para investigar los principios psicológicos de la misma. Los miembros de la secta creían que la humanidad perecería a raíz de una inundación a nivel mundial, por lo cual la mayoría dejó sus trabajos y vendió sus casas para centrarse en trabajar para la secta. Una vez transcurrida la fecha de la supuesta inundación y al evidentemente no suceder ninguna catástrofe, Festinger notó que los miembros menos fieles admitieron que habían actuado de manera poco racional, aprendiendo la lección de la manera dura.
Sin embargo, los miembros más adeptos a la secta, en cambio, alegaron que su fe y trabajo produjo un cambio en el destino de la humanidad, salvándola del terrible desenlace. Según Festinger, los seres humanos necesitamos de consistencia entre lo que pensamos y la manera en la que actuamos. La creencia inventada por parte de los grupos más fieles de la secta es fruto de la necesidad de eliminar esa disonancia. Además, la disonancia cognitiva es más difícil de soportar cuando es nuestra propia imagen la que se ve afectada; en este caso hablamos de la percepción de uno mismo como “estúpido” al haber creído en esa profecía o al enfrentarse a la dura realidad de que todo lo que se ha hecho por la secta ha sido en vano.
Aunque se ha investigado mucho acerca de este fenómeno, lo cierto es que la disonancia cognitiva tiene lugar en la mente del sujeto que la experimenta y luego se traduce en comportamiento. Por esta razón, la parte cognitiva de la disonancia es difícil de medir objetivamente. Debido a dicha dificultad a la hora de observar físicamente la disonancia, alguno autores sostienen que este término es subjetivo y que podría confundirse incluso con la culpa, ya que se desconoce si se trata de una emoción, una percepción, o una interacción entre ambas cosas.
También existen diferencias individuales entre personas que no siempre responden en función de lo que la teoría predice. En el caso de personas altamente ansiosas parece ser que la teoría de la disonancia cognitiva explica muy bien su comportamiento, pero por lo general las personas parecen ser capaces de afrontar niveles normales de disonancia sin experimentar la ansiedad o incomodidad que dicha teoría sostiene.
De todas formas es importante aclarar que la disonancia cognitiva, más allá de sus implicaciones teóricas, es un mecanismo de afrontamiento frecuentemente utilizado por las personas. Puede ser útil para pasar un mal trago, como puede ser una ruptura en una relación de pareja, pero no debe ser nuestra principal estrategia de toma de decisiones. Como todo en la vida, su abuso puede ser nocivo y por ello es importante identificar cuándo estamos utilizando esta estrategia y evitar que se convierta en un hábito que nos lleve al autoengaño, la mentira o la crítica negativa constante.